A veces escribo congestionado
un intenso tráfico detenido
o todo lo contrario
ideas veloces que me golpean
para estacionar en papel.
Otras lo hago por malestar
lo que no bajo y trago
escribo
expulso lo que trajeron
otros
los oídos
los ojos.

Voy al papel muchas veces
en estado hipnótico
mis miembros rígidos
sin querer sucumbir
desencanto.

Me parece que tengo pocas certezas
de algo más allá
del blanco ensuciado con mis garabatos
tacho (tachar esto por favor)
ante el silencio de pavura
uso las palabras
aunque sólo sirvan
frente a la soledad descosida

como recurso a mano
y eso basta.
Usá tu bronca como materia prima
alguien me decía
pero, se vuelve en contra
¿cómo evitarlo?
apago la radio
mi voz interior se prende a mi carne
murmura
me rebaja o me enaltece
rápido guión hundido
música recóndita
asfixiante
mientras escucho un perro eterno
ladra ladra ladra
todo el día
hoy es jueves, santo
el movimiento es leve en la calle
me enoja el quejido
ladra porque le falta compañía
¿mi cabeza callará algún día?
temo temprano parecerme (espero que tarde)
al viejo que vi desde el auto
barbado, en un pijama raído con finitas rayas
un quijote en ciernes
desmejorado lector
se inventa un mundo
en la noche opaca
el taller mecánico es su asiento
(lo veo entre repuestos usados y grasientos)
pasea su malhumorado enojo
rabia del mundo perdido
pasea del lazo su espejo fiel
blanco y negro, perro feo
muy feo
con bronca
sigue ladrando en mi cabeza.

Para Manuel T.P.
Transeúnte casual de la vida
soplo mi alma hecha vapor
camino mirando mis zapatos
obligado por el impiadoso viento
bajo mi cabeza
escondo las orejas
esta ciudad es extrema
obliga a guarecerse
unas veces capa sobre capa
otras a caer deshecho en la sombra
forzado a empujones
me imagino escenografía decorado
una película en blanco y negro
visto en la tarde del sábado
en la tele
un caminante perdido
exhalado por el viento del río
bravo
desde el sillón breve observo
los tránsitos que hice
para estar ahí
sin perder pisada
de mis zapatos
negros

PROTOCOLOS ROTOS

protocolo.
(Del b. lat. protocollum, y este del gr. πρωτόκολλον).
1. m. Serie ordenada de escrituras matrices y otros documentos que un notario o escribano autoriza y custodia con ciertas formalidades.
2. m. Acta o cuaderno de actas relativas a un acuerdo, conferencia o congreso diplomático.
3. m. Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre.
4. m. Plan escrito y detallado de un experimento científico, un ensayo clínico o una actuación médica.

PROTOCOLO I
RC a las 10:40 [ve a RC acostado en la cama a las 10:39]
a las 10:39 [se revuelca unos segundos antes]
10:38 [hace algún movimiento]
11:01 se pregunta [por lo que sentía cuando se observaba]
asegura estar absorto por las nubes
hoy cubren el cielo
10:45 [esperaba a que el sol ingrese]
[10:46] abrió la persiana como el otro sábado
el diario tirado en la cama [espera silencioso con estridentes titulares]
el café [10:50] humea pero no hace los esperados jueguitos con el sol
se mira las manos sobre el cuaderno [10:55]
deja pasar la música de la radio [los mismos temas de siempre]
¿serán así las mañanas toda su vida? [se mira la camiseta blanca. Ya 10:57]
se asegura que no [aunque duda duda y duda incluso de la duda]
los segundos del reloj [no pasa las 10:57]
se sumerge en el cuadrante y lo recuerda bajo el agua
mientras que nada lo observa. Mide
está sólo en la profundidad de ese lapso
[se mira por última vez. Ya son las 11:00]
en breve coincidirá consigo mismo
una sonrisa dibujada
cara lavada
saldrá a caminar
sumado sin querer
al tiempo
[11:00 RC se incorpora]

PROTOCOLO II
RC a las [21:00]
La habitación es de laca azul y blanca (la llamaban petrificada)
Agarra Corazón desde el lomo
20:59 termina de ponerse el pijama [hace frío]
se ve bien
21:01 lee un pequeño vigía lombardo
[1969 y todavía el hombre no pisó la luna]
21:15 lee [un chico está en los hombros de su padre para ver pasar al héroe nacional italiano]
sumido en sueño de ser grande
cree que sumará más páginas antes de dormirse
se ve [años después desde esta otra cama]
el mundo y su periferia concentrado
en las sábanas
mini aleph [en la calle Sarmiento: padre del aula]
concentración de alfabetos [por la doble escolaridad, doble idioma]
todos se mueven en la casa [21:24]
a sus espaldas [el hermanito RC no lee, sólo juega]
21:25 el sueño lo lleva en andas
cree que será héroe
rescatará princesas
escribirá muchos libros
[21:27] no recuerda quién es
ya está todo en sombras
excepto algún destello
azul
blanco.

PROTOCOLO III
[Son las 13:30] él la besa antes de comer
ella cocina y a él lo pierde
[a las 13:45 comen] es como el desayuno casi
una réplica
[16:30 del domingo] es invierno
la tarde se agota
[15:00 el sueño los envuelve] antes el abrazo
estirando el hombro para tomar su cuello [14:59]
se sueltan exhaustos
él pierde el sentido
ella disfruta (le pide que la mire)
[siendo las 14:30] el primer beso se prolonga
haber terminado de lavar todo
se abrazan al cruzarse en el pasillo
el cepillo de dientes de ella y de él
[14:15 comen en silencio]
van a salir a caminar antes de la semana
buscar refugio [17:00]
de la mano un poco abrazados
avanzan sin saber
qué les espera
[se escurre el día. Las 18:30 y llovizna]

Sábado al mediodía

La verdulera me recomendó ése tomate
preguntando por mi habitual banana
rió fuerte. Me hizo cosquillas
la lechuga francesa, un poco
es para mí solo
la otra (verdulera) asomó por sobre su hombro
rió también. Se sumaron estridentes
me perdonó cincuenta centavos
las monedas escasean
pero viven en la abundancia
y mientras salía
ellas seguían riendo.
Me sentí feliz
inexplicablemente plácido
Me gustaría levantarme muerto una mañana
sin haberme enterado
que desperdiguen mis restos
los cremen, hiervan
fosilicen
no me interesa demasiado
qué hagan con los despojos materiales
los partan, compartan
o deshagan
se maten por mí
que les importe nada
no me preocupa
total estaré muerto
esa tarde
y nada me conmoverá ya
ni un poco.

Fue (¿fue?) la última noche que bailaron así. Encastrados. Cada movimiento se enhebraba con el del otro. Sincronía indisimulable. Una despedida en ese quincho al pie de la sierra. Llovía a cántaros. El músico, fácil de recordar: un porteño, que huyendo a ese paisaje por amor a una lugareña, allí ancló su vida para siempre. Los pasajeros del hotel bailaban, también los mismísimos empleados se mezclaron en ese carnaval de disolución de jerarquías.

Los dos habían llorado por días preparando la despedida que danzaban. Una grieta se había profundizado. El agua cayó día tras día desde el momento en que comenzaron a conocerse, horadando progresivamente el futuro. Sin mañana no hay relación. Les quedaba cada vez más pasado, hermoso, increíble, del color de los ojos de ambos. Un pasado convertido en eterno presente, aunque ese fluir de días no alcanzaba. Pero, ¿cómo? se preguntaba él ¿existe algo más que disfrutar en forma perenne del acople de dos almas y cuerpos? Sin embargo ella deseaba un mañana más claro. Exigencia vacilante, con retrocesos, tímida a veces pero que formaba un ariete de una potencia emocional imparable. ¿Era posible ese estado salvaje, natural sin más definiciones? cuestionaba ella. Nadie dictó que esa era el modo en que las cosas debían ser, pero se sobrepuso al fluir habitual. Incontenible. Incontenible como la envidia que despertaban en ese momento y la que habían generado años atrás cuando en aquella otra fiesta se abrazaron y salieron a bailar. Él, con los ojos cerrados, ni siquiera se daba cuenta de las caras que los miraban. Ella se dejaba llevar, se mecía con su corazón. Acoplados, aislados de todos. La lluvia caía fuerte, era imposible retirarse a la habitación, aún cuando al día siguiente temprano tendrían que volver. No hablaban. Tampoco esa otra pareja, sentada sin bailar. Desolada. Su futuro no llegaba y lo ansiaban. Querían ser padres y no podían.

Un futuro imposible parece ser la marca indeleble del amor que hace llorar.

El amor puede, sin querer, dejar yermos los corazones.